miércoles, 14 de octubre de 2009

Un tango en la penumbra.




Pocas cosas son tas apasionadas y tristes como un tango, pocas cosas anidamos en el alma que al traerlas de vuelta nos lasceran nuevamente, sólo aquellas que nos lastimaron profundamente, aquellas que quedan asidas a nuestro corazón, como un tatuaje grabado con espinas de maguey que un tatuador malévolo olvidó retirar de nuestra piel. 


Esas cosas, como las hojas caídas en otoño o la avalancha de recuerdos que nos trae la primera mañana de invierno, dan la vuelta a nuestra vida y al saberse insuperadas, sonríen al corroborar el status quo de las cosas. Esos fantasmas, esa ideas que se vislumbran en una noche tranquila y que nos arrebatan un sonrisa noctámbula, estarán allí siempre, agazapadas en la penumbra, helando nuestra sangre con su sola presencia, pero son las ilusiones rotas, ese instante de felicidad que ha venido a ser truncado por la fuerza de las circunstancias y que se clavan como un fragmentro de vidrio en la yema de los dedos, una de las pocas cosas que son tan tristes como un tango interpretado en la penumbra.

Desde ya, un abrazo.

Con grandes aspiraciones.

Sólo quiero ser un viejo decrépito, rabo verde y borracho, como Buk.