miércoles, 18 de agosto de 2021

14...

 

 

"¡Ay Comida, mi plato favorito!"

Gritó para joder 

 

Parece que fue ayer cuando se fue

Al barrio que hay detrás de las estrellas

La muerte, que es celosa y es mujer

Se encaprichó con él

Y lo llevó a dormir siempre con ella


 Flores en la tumba de un vasquito (Hotchito)

Joaquín Sabina

 

Una buena vida, no merece una mala muerte. Tuvimos al más grande de todos los perros, un pequeño y altivo dachshund, Hotcho lo llamamos. Fue bendecido con el noventa y nueve por cierto del amor de Claudia, el otro uno por ciento nos lo peleábamos sus hijos y un servidor, siempre perdí. Era un hijo de puta mal educado, testarudo, glotón y caprichoso, pero era nuestro "hijo de puta mal educado, testarudo, glotón y caprichoso" y hoy se ha ido. 

Él nos dio todo lo que pudo (tal vez más), nosotros sólo esperamos haber estado a su altura y que, cuando vaguemos perdidos en el inframundo, nos encuentre y ayude en nuestro transitar por el Mictlán. 

Habrá quien no entienda el poderoso vínculo que se crea entre un ser de luz (negra y estrambótica) y su dueño, ellos se lo pierden, porque nada, ni nadie te esperará con tanta ansiedad ni festejará tu llegada con tanto ahínco como ellos, ni conocerá el big bang de oxitocina que segregan sus cuerpecitos con sólo oírte, olerte o mirarte... ellos se lo pierden. 

Hasta simpre Hochito. 

 

      

martes, 20 de julio de 2021

Pero de besos, ninguno.

 

Bésame, dame sólo un beso
Dame sólo un beso tuyo
Deja a un lado el loco orgullo
Que no deja que te acerques
Un poquito a mí
 
Bésame, Juan Gabriel. 


Ella flirteaba, yo le seguía el juego. Sexteábamos como si se tratase de un juego de niños. La verdad no había malicia en nuestro intercambio de ideas, dudas, planteamientos de escenarios -sexuales-, piropos atrevidos y declaración de intenciones francamente mal intencionadas... hasta aquél día en que, casualmente, nos encontramos en el elevador, me miró desafiante y yo acepté el desafío, una de mis manos recorrió lascivamente sus nalgas, la otra bajo su blusa pellizcaba su pezón derecho.
 
Ella acariciaba, no, más bien frotaba mi miembro con sus manos. El elevador llegó a su destino, nos miramos y sin mediar palabra alguna acordamos dirigirnos al quinto piso... pero de besos ninguno.


Cosas que sólo a mí me pasan.

 

Cuando quieras tú,

divertirte más

y bailar sin fin,

yo sé de un lugar…

 

El Noa, Noa, Juan Gabriel.

 

 

 

Sentí su mirada. ¿Era regocijo, sorpresa o atracción? ¿Cómo saberlo? Sentí que iba por la vida desnudo delante de ella. Me ajusté la chamarra de mezclilla mientras ella me saludaba.

-Hola Lic. ¿Está bajando de peso?

-Hola, hola. Sí, un poquito. Sus ojos recorrieron la esbeltez de mi figura. Brevemente se detuvo en mi entrepierna.

-Se está poniendo bien bueno.

-Gracias… y muy a la orden -exclamé- ella soltó un “já” y sonrió maliciosamente. Me sonrojé y pensé que un día cualquiera ella me tomaría la palabra. Suspiré profundamente y murmuré… “Cuando quieras tú, divertirte más, (…) yo sé de un lugar"…

martes, 5 de enero de 2021

El silencio de las contradicciones

Hay pequeñas cosas, esbozos ligeros, destellos, como una sonrisa franca, como una anécdota cómica, también hay verdades profundas, errores garrafales, encono, sed de venganza, reuniones familiares que se convierten en fiestas inolvidables, pasa el tiempo y dos amantes se vuelven más como amigos, como compañeros de mil batallas, en otras ocasiones son más como enemigos, rivales entrañables, irreconciliables. La vida es un murmullo en el que retumba el silencio de las contradicciones.
 
 

Loveseat

Más solo que la luna se hundió entre los cojines del loveseat, hace mucho que ese artilugio de decoración perdió el mote pero hubo un tiempo en el que presenció orgasmos profundos, sintió la piel erizada de dos amantes, sostuvo en su respaldo los pechos de su dueña, observó el cuerpo desnudo de ella, ávido e inquieto, asiososo, jadeante y sudoroso... Sin embargo, ahora era un sillón sin más, un lugar donde se almacenan pelos felinos y rosetas de maíz sin estallar.

La vida

 (...)

¿Con qué derecho me quitas el sueño?
¿Con qué derecho te me vas metiendo?
¿Dime con qué derecho
Tocas mi lado izquierdo?
 
La cosa eran unos cuantos besos
Matar las ganas y perdernos luego
Pero mis sentimientos
Confundieron el juego

¿Quién te dio permiso? Raúl Ornelas.

 

Mientras asea la terraza imagina una vida lejos de allí: ella sentada en la sala de tv lo abraza mientras miran una película, una dulce niña se coloca en medio de los dos. Él sabe que la ama, ella se siente amada. Él riega las plantas y seca el piso: ella en la intimidad de su habitación lo mira a los ojos, él plácidamente recibe la mamada de su vida.

Él alimenta a los perros, un dachsund inquieto y voluble ladra agudamente: él en la madrugada despierta y nota en la penumbra las caderas de ella, introduce sus manos bajo la pijama y acaricia sus nalgas, estrecha su pecho con la espalda de ella y la abraza, olisquea su cabello y respira profundamente. 

Él, ha terminado de alimentar a los perros y al ingresar a la casa observa con el rabillo del ojo a su perro preparándose para defecar "puta madre" dice entredientes, toma el recogedor y espera: ellos preparan hotcakes para el desayuno, él la toma por la cintura y la apretuja, besa su nuca y le dice "te odio", ella responde "!Naaaa, me amas!" . 

Él fuma un cigarro, bebe café e imagina.

Inevitable

Camino al trabajo observé a un par de niños que jugando corrían y sonreían, admiré su inocencia y su capacidad para divertirse. Ya crecerán hijos de puta...

domingo, 3 de enero de 2021

Parpadeo.

Cuando niño cerré los ojos e imaginé como sería mi vejez. Acabo de abrirlos y han pasado treinta y tantos años. 

viernes, 1 de enero de 2021

Noche Vieja

Amanecía, restos de cuetes y papel eran arrastrados por el frío viento. Hugo se había retirado ya, su familia dormía desde hacía rato. Un par de horas antes Paco y Luís habían sido llamados por sus madres y se marcharon dejando un par de cuetes sin tronar.

Estaba solo. La calle vacía atestiguaba el fin de la noche, por lo menos  de las actividades recreativas que había traído y que tanto me gustaban.

Regresé a casa caminando, me senté en la banqueta y, creo, sentí algo que se parecía a la nostalgia, mis padres y hermanos dormían, a mis diez años maldije porque la Noche Vieja había llegado a su fin, apreté los puños y lloré.

Con grandes aspiraciones.

Sólo quiero ser un viejo decrépito, rabo verde y borracho, como Buk.