lunes, 14 de marzo de 2011

Enamorarse y no.

A Claudia,
Mi ejercicio contra el infortunio.

"enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
(...)"
Enamorarse y no,
Mario Benedetti.

Cuando uno se enamora camina junto al ser amado en el limbo de las palabras cursis, de las llamadas infinitas, de los poemas susurrados al oído, en el limbo de las caricias interminables, de los recitales de poesía, de las risas contagiosas, de la sublime complicidad. Cuando uno se enamora sólo ve,  en el ser amado, lo bueno y lo bello,  relegando en el olvido todo aquello que en ese momento carece de importancia.
Cuando nos enamoramos las praderas son lo suficientemente pequeñas como para recorrerlas en busca de los  brazos de la amada y las noches se decantan con extraordinaria rapidez y los encuentros románticos y sexuales transcurren en un abrir y cerrar de ojos. Cuando uno se enamora todo ocurre en un suspiro, efímero pero contradictoriamente interminable y sólo la espera frusta esa felicidad.
Cuando amamos los olores se perciben tal cual son, se acaricia el cuerpo de la amada sin el imaginario propiciado por el enamoramiento, los ocasos no son más ocres de lo que son, ni la lluvia tiene de nostálgica más que lo que en realidad tiene, tampoco se disfruta más de la compañía de un café oloroso, ni el vino sabe mejor de lo que sabe sino que solamente se disfrutan las cosas tal cual son, se ama la sencillez de una tasa de café y de los huevos revueltos por la mañana, se ama sencillamente el acto de posar una mano sobre el seno de la amada mientras duerme, sujetarle de las caderas, tomarla por la cintura, oler y besar su cuello, solo porque puedes hacerlo en cualquier momento, porque se sabe que ella o él estará allí cuando desees hacerlo. Cuando uno ama ve el vaso medio vacío sin concederle importancia.
Cuando se ama, se aman las cosas por lo que son, por lo que representan, no porque se espera más de ella, no porque nos imaginamos más cuantiosa la fortuna, ni porque se espera una vida llena de alegrías, se ama porque aquellos instantes de felicidad valen para toda la vida y la vida tiene de fugaz lo que dura un parpadeo.
Desde ya, un abrazo.

Con grandes aspiraciones.

Sólo quiero ser un viejo decrépito, rabo verde y borracho, como Buk.